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El gobierno de Venezuela ha decidido iniciar el año 2010 con una devaluación de su moneda, el bolívar, a dos niveles: uno del 20.9% y el otro del 100%. La medida, que según el gobierno busca incentivar las exportaciones y desincentivar las importaciones “innecesarias”, ha causado desaprobación en ciertos sectores, así como en países que exportan a Venezuela.
El tipo de cambio que ha regido en Venezuela desde enero de 2008 es de 2,15 bolívares por dólar. Con la devaluación decretada, existirá un nivel de cambio a 2,60 bolívares por dólar para bienes que el gobierno considera de carácter prioritario. Ejemplo de ello son alimentos y bienes para la salud, maquinaria y equipos para el desarrollo económico, libros y útiles escolares. No están dentro de esta categoría y por ende verán aplicado el llamado “dólar petrolero” a 4,30 bolívares productos de los sectores: automotor, comercio, telecomunicaciones, informático, electrodoméstico, bebidas y otros.
La devaluación es fuerte para un país que importa alrededor de un 90% de los alimentos que consume y con una producción local bastante débil, constituyéndose en un fuerte golpe sobre todo para los sectores más populares. Para el gobierno venezolano la medida tiene sentido en el marco de un proceso de sustitución de importaciones. Los ingresos que el gobierno percibirá con la devaluación se destinarían a la creación de un denominado “Fondo Bicentenario” para el impulso de la producción nacional y otro para el financiamiento de actividades productivas. Y es que según la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), las exportaciones venezolanas habrían caído un 42% en 2009, muy por encima del 24% regional.
Las críticas han llovido al gobierno por esta última medida y en general es vista como resultado de la irresponsabilidad con que el gobierno ha manejado las finanzas públicas. Otro factor de peso sería que el Estado se ha convertido en el mayor empleador con una planilla que habría pasado de 1,3 millones a 2,3 millones de funcionarios públicos en el último decenio. Para analistas como el economista Gustavo Rojas, al gobierno “no le está dando el presupuesto”, razón por la cual ha elegido enero (que está lejos de las elecciones parlamentarias de septiembre) para implementar las devaluaciones. Funcionarios como el diputado de la Asamblea Nacional Ricardo Sanguino, consideran que las críticas no son más que parte de una estrategia contrarrevolucionaria para sembrar el temor y la desconfianza en la población.
Efectos se sentirán fuera de las fronteras
Países como Argentina, Bolivia y Colombia sentirán los efectos de la devaluación del bolívar a través de un encarecimiento de sus exportaciones y, consecuentemente, una pérdida de competitividad de sus productos.
Analistas en Argentina están valorando las pérdidas en exportaciones a Venezuela en unos US $ 500 millones, en sectores como el automotriz, manufacturas de hierro, aparatos eléctricos, plásticos y otros. Si bien es poco probable que en el corto o mediano plazo la industria venezolana tenga la capacidad productiva para sustituir dichas importaciones, lo cierto es que el empresariado tiene prohibido incrementar los precios al consumidor, con lo cual las empresas se verán obligadas a asumir las pérdidas y eventualmente quebrar o simplemente, perder el interés en continuar con la actividad económica.
En Bolivia reina la preocupación entre los exportadores desde el anuncio de la devaluación en Venezuela. Recuérdese que dicho mercado ha sido el principal destino de las exportaciones bolivianas desde que en 2008 los EE.UU. suspendieran a Bolivia los beneficios de la Ley de Promoción Comercial Andina y Erradicación de Droga (ATPDEA por sus siglas en inglés). Importantes volúmenes de oleaginosas y textiles han sido absorbidos por el mercado venezolano y si bien está claro que para los primeros regirá el tipo de cambio de 2,6 bolívares, los empresarios bolivianos no tienen aún claro si los textiles (segundos en importancia tras las oleaginosas) entrarán en dicha categoría, o en la del “dólar petrolero”. Ante dicha situación, la Cámara Nacional de Exportadores de Bolivia ha solicitado al gobierno su intervención ante el de Venezuela para evitar que se tengan que enfrentar mayores impedimentos en las exportaciones.
En Colombia también ha habido preocupación, particularmente en la zona cañicultora del norte de la provincia de Santander, en donde los empresarios han calculado en 500 las familias productoras de caña que se verán afectadas con la devaluación del bolívar. No obstante esta situación, analistas estiman que el impacto global sobre el comercio con Colombia será mínimo, dado el bajo nivel de intercambio comercial entre ambas naciones a raíz de las sucesivas crisis diplomáticas.
Por el momento se deben conocer mayores detalles de la nueva política de ajuste cambiario venezolano y de cómo evolucione el mercado interno de ese país para conocer el verdadero impacto en el comercio regional.
Fuente: International Centre for Trade and Sustainable Development